La Alameda de Hércules
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Distrito Centro

Alameda, años 70

Maniobras subterráneas de la Sevilla que se vende

 

Caminando sobre la última de una serie de urbanizaciones, vamos rehaciendo la historia de este popular bulevar sevillano sobre el que se ha cernido durante las cuatro últimas décadas una sombra recurrente: la posible construcción de un aparcamiento subterráneo. La primera vez que se planteó fue en el año 1977. Sin embargo, los movimientos sociales de la predemocracia se pusieron del lado de la Alameda, junto con el Colegio de Arquitectos, para poner freno al proyecto con una campaña llamada Salvar la Alameda, como muestra el documental del subversivo cineasta hispalense Juan Sebastián Bollaín. Un año más tarde, la Comisión Provincial de Patrimonio rechazó el plan, oponiéndose a convertir la Alameda en una zona comercial en vez de residencial: «Hay que distinguir entre una ciudad considerada como un colector de vehículos y una ciudad considerada como el testimonio y el legado de unos hombres y de su cultura».

Según denuncian distintas voces críticas en el documental de Bollaín, en el plan se pretendía sustituir las casas que había allí por edificios de cinco plantas, haciendo desaparecer muchos de los elementos arquitectónicos emblemáticos del paseo –sin ir más lejos, la hilera de chalets con jardines que discurre paralela a la calle Joaquín Costa. Los bajos de todos los edificios que dan a la plaza iban a ser destinados a bajos comerciales y oficinas. La calle Calatrava se abría para acceder a un gran aparcamiento subterráneo en pleno bulevar.

Pero, ¿por qué la Alameda era un problema y para quién?, se plantea el documental. Si había una cierta degradación física, era por la propia desidia de la Administración. El plan de reforma interna de la Alameda, en realidad, tenía por objetivo seguir expulsando a familias de clase trabajadora de zonas muy cercanas al centro de la ciudad; zonas que, desde la óptica de las inmobiliarias, serían consideradas nobles si no fuera por la gente que vivía en ellas. El mensaje era: en la Alameda se va a poder invertir, porque la Alameda va a ser otra cosa. Una gran operación especulativa que intentaba aniquilar una zona popular e histórica de Sevilla, revalorizando el suelo con dinero público para que la plusvalía se la quedasen unos pocos.

Incluso se llegaron a iniciar las obras para la posible llegada del metro a esta zona. O hablando en plata: se destrozó la continuidad del paseo para la creación de un gigantesco pozo que, como se indica en el documental de Bollaín, no era más que un enorme cartel de propaganda, únicamente para crear la imagen de que se estaba construyendo el metro. Todo el casco de la ciudad, en el plan proyectado por el Ayuntamiento, sería convertido en un gran centro comercial. Quizá cabría preguntarse hoy si ese objetivo se logró; si esa idea se acabó abandonando o más bien no.

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