Arte Urbano
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Distrito Centro

Arte actual en Sevilla

Más allá del Año Murillo
Una crónica de Bruno Padilla
 
Para ser walkleader en uno de los paseos de Jane’s Walk solo hace falta conocer bien un tema (o conocer a quienes lo conocen bien) y saber transmitir por qué nos resulta significativo en el contexto de la ciudad. Por eso Patricia Bueno del Río y Laura Gordillo lo hacen tan bien. En su caso, ambas aplican su pasión y su formación como historiadoras del Arte en el proyecto Atrapa Cultura, que han dedicado a la didáctica y difusión del arte contemporáneo en Sevilla. Esa ilusión por mostrar a la ciudadanía el patrimonio artístico local –como quien le pone a sus mejores amigos un disco que acaba de descubrir– se deja notar desde la presentación del paseo en la Calle Butrón, frente a la entrada de la galería que lleva ese mismo nombre. “En nuestro día a día, parece que las galerías de arte no existen”, comienza Laura, cuyo entusiasmo y empatía con los no iniciados ya conocemos de un paseo anterior. En efecto, hay una especie de muro invisible que muy a menudo nos separa del arte contemporáneo y que se levanta “por desconocimiento” o por la creencia infundada de que “nos van a cobrar solo por entrar y mirar”. Y justo ahí radica el pertinente objetivo de este paseo: “Que el arte no se quede en el taller de un pintor”. Durante las siguientes dos horas trataremos de derribar el citado muro, descubrir qué podemos hallar en las galerías de arte actual y su importancia en la vida sociocultural de la ciudad “más allá del Año Murillo, un artista maravilloso pero al que ya conocemos de sobra”.
 
Uno de los fines básicos de JWS es reflexionar sobre la imagen que proyecta la ciudad. Por eso aquí partimos de un loable interés por mostrar esa otra Sevilla desconocida, vanguardista. “Aquí siempre ha habido una cierta tendencia al realismo, pero a lo largo de la historia reciente han existido muchas otras cosas”, explica Patricia, señalando como ejemplo “en las antípodas” la visión artística de Rafael Ortiz, cuya galería tendremos ocasión de visitar más tarde. Pero entonces, ¿Sevilla es barroco o es abstracto? ¿Su identidad es realista o surrealista? Seguramente haya ejemplos, tanto en el arte como fuera de él, para todas estas encarnaciones de la ciudad. Incluso hay ahora exposiciones que tratan sobre esa dualidad entre la Sevilla clásica y la moderna, por ejemplo tomando como referencia el aniversario de la Expo’92. De lo que no cabe duda es de que hay más de lo que reflejan las guías turísticas o los manuales escolares de Historia del Arte.
 
Buen ejemplo de ello es el espacio El Butrón, nacido en 2012 como “una casa particular sin puertas” –según la definen en sus propias redes sociales– donde creadores e investigadores de diversas disciplinas pudieran desarrollar sus obras de forma libre y espontánea. Fotografía, ilustración, arquitectura, pintura, escultura, arte conceptual, literatura, audiovisual, moda, diseño, gastronomía, música y hasta ecología, son algunos de los campos reflejados en estos 250 metros cuadrados que sirven como galería, escenario, zona de eventos o área educativa. Así, en el pasillo de entrada conviven cestas de alimentos, procedentes del mercado que el colectivo Más que Lechugas celebra habitualmente aquí, con transgresoras obras artísticas. Un espacio alternativo y multifuncional que “tiene mucha visibilidad dentro de la escena contemporánea por el prestigio de los talleres que alberga”, según Patricia, entre los que se encuentran el de los Hermanos MP&MP Rosado. Pese a ello, para muchos paseantes (sevillanos de origen o adopción) es nuestra primera vez en este lugar que “tanto ha hecho por el arte actual y joven en nuestra ciudad”.
 
A continuación nos dirigimos a la Plaza de San Pedro para hacer memoria sobre este tipo de propuestas en las últimas décadas. “En Sevilla no ha sido fácil introducir ideas innovadoras en torno al arte”, comenta Laura. El origen de esa nueva mentalidad podría estar en la mítica Galería Pasarela, de cuya apertura se cumplían 50 años hace poco. Pese a su breve existencia –solo cuatro años– y a “la indiferencia de la mayoría de la ciudad” a la que hace referencia el profesor de la Universidad de Sevilla y crítico de arte Juan Bosco Díaz-Urmeneta, fue el espacio que acogió la primera exposición de arte abstracto en la ciudad, a cargo del pintor Juan Suárez. Aquellos eran los años de otros exponentes locales como Gerardo Delgado o José Ramón Sierra, que hallaron refugio en las escasas galerías que, como Pasarela, supusieron “un revulsivo contra los estigmas de este tipo de arte”, en palabras de Laura. También se menciona en este punto a Juana de Aizpuru, fundadora de ARCO (1981) que abrió sendas galerías en las calles Canalejas y Zaragoza, y su intento años más tarde de consolidar una Bienal en Sevilla (la BIACS) que resultó un fracaso. Ya en 1984 tenemos a Pepe Cobo inaugurando La Máquina Española, que lo convertiría en una de las principales figuras españolas en el arte contemporáneo.  También en el 84 Rafael Ortiz  estrenaba galería, nuestra siguiente parada del itinerario.
 
Incómodo, inconformista y libre de prejuicios
 
La antigua casa palacio del siglo XVIII en la que se ubica la Galería Rafael Ortiz podría llevar a engaño sobre lo que contiene, pero no sobre su preciado valor: se trata de una maravilla arquitectónica inesperada en esa esquina de la Calle Mármoles, y también  es a día de hoy “una de las galerías más importantes del arte contemporáneo, que acude a ferias nacionales e internacionales para promover el arte andaluz”, según nos dice Patricia. Este es uno de sus grandes méritos, y no en vano cuando la visitamos aloja una muestra del pintor Ignacio Tovar, nacido en Castilleja de la Cuesta. Así suceden las cosas es el título de una exposición que recorremos con la boca abierta y las retinas teñidas de colores en abstracto. Inspirado por versos de soleares (“Yo hablo con las paredes”, “No digas que me has querido”) y la figura de diversos cantaores o bailaoras en sus títulos, su obra dialoga sin estridencias con la tradición. “De hecho, el paño de la Verónica de la cofradía de El Valle es suyo”, nos revela Patricia como curiosidad. En una vitrina que exhibe publicaciones relacionadas con la galería, vemos un volumen del artista Antoni Socías bajo el título La comodidad puede matar, que nos parece el perfecto titular para la exposición de Tovar.
 
No debió de ser cómoda la implantación de Delimbo, una galería enfocada al arte urbano y contemporáneo, el graffiti y el street art, en pleno centro de Sevilla. Si bien es cierto que esa Calle Pérez Galdós ha ido dando forma en los últimos años a la comunidad creativo-cultural Soho Benita, que agrupa a otros establecimientos con una filosofía común y singular. En el caso de Delimbo, su propuesta destaca ya desde el espacio sobre el que se asentó, “un edificio espectacular” –tal  y como lo define Laura–del arquitecto sevillano José Espiau y Muñoz, uno de los mayores exponentes del modernismo en nuestra ciudad. Sobre los usos que ha tenido desde su construcción en 1919 hasta llegar a convertirse en la actual galería de arte, rondan muchas historias, según nos cuenta el artista urbano Seleka, cofundador y codirector de Delimbo junto a Laura Calvarro. Desde servir de estudio al propio Espiau hasta convertirse en secadero de plátanos (sic), pasando por espacio para unos grandes almacenes, un cibercafé o el estudio del pintor almeriense Abraham Lacalle.
 
Cuando visitamos la galería, alberga una exposición a cargo del artista norteamericano MOMO (“Creí que ese era el nombre de la entidad que la organizaba”, admite una de las paseantes mientras ve un folleto de la muestra), conocido por sus enormes murales callejeros. Al asomarnos al arte urbano y contemporáneo, según Seleka, “lo más difícil es superar la barrera de esto yo no lo entiendo”. Llevando el arte de las calles a las galerías se está reconociendo su valor, aunque habrá quien piense que también se está erigiendo otra barrera, esa ya comentada –aunque invisible– que sentimos al pasar frente a la entrada a un espacio expositivo moderno. Quizá sea cuestión entonces, y ese parece ser el objetivo final de este paseo, de acercarnos sin miedos ni complejos al arte actual. Nadie hubiera dicho que un proyecto como Delimbo, consagrado a las creaciones de vanguardia más inconformistas, llegaría a cumplir una década como emblema del arte urbano internacional. Pero ahí está, una barrera menos.
 
Con esa mentalidad libre de prejuicios, seguimos nuestra ruta para adentramos ahora en Birimbao, galería inaugurada a finales de 1990 y que a principios de este siglo se trasladó a su actual emplazamiento en la Calle Alcázares. Un espacio caracterizado por su promoción de artistas jóvenes y no demasiado conocidos por el público, así como por su difusión del arte andaluz más actual. Ingredientes que se encuentran en la muestra que recorremos al visitarla, a cargo del creador cordobés Miguel Ángel Moreno Carretero, responsable de las jornadas de intervención artística Scarpia. En la exposición que acoge Birimbao, presenta una veintena de fotografías de diversos paisajes y arquitecturas de Andalucía donde destaca la presencia del agua en sus más diversas formas. El espacio mismo aparece intervenido con el montaje de una serie de fuentes para la ocasión (“¿Se podrá beber”, se pregunta en voz alta algún paseante). Para calmar nuestra sed, al menos sobre la trayectoria y la actividad diaria de la galería, hablamos con Miguel Romero, que junto a Mercedes Muros fundó y gestiona este espacio de nombre musical que además de exposiciones también programa conciertos, coloquios y presentaciones. Un lugar abierto de par en par al público, como muestra la cara de ilusión con la que reacciona ante nuestras preguntas Miguel, hombre tranquilo al que le brillan los ojos al hablar de lo que allí hacen y han logrado.
 
Del elitismo a la democratización del arte
 
El último alto en nuestro paseo lo hacemos en Diwap, otra galería con una excelente ubicación, en este caso en plena Calle Feria. “Donde estaba El Kilo”, recuerda alguien sobre esta antigua tienda de tejidos. Pese al trajín de gente en torno a la Alameda de Hércules, sus apartamentos, tiendas y bares, tal vez no tanta haya pisado este pequeño pero llamativo establecimiento. Inaugurado hace ya tres años como espacio de trabajo relacionado con el diseño gráfico y web, desde entonces defienden esta disciplina “para transformar los mensajes del sector cultural con campañas donde el arte contemporáneo tiene mucho que decir”, nos explica Juan Muñoz, uno de sus impulsores. Ese carácter inclusivo fue el que los llevó a programar exposiciones de algunos de los artistas con quienes colaboraban, procedentes de ámbitos como la ilustración o el arte urbano. “Aquí entendemos el dibujo como manifestación artística propia y no como proceso previo a la pintura”, según Juan, quien nos cuenta la expectación que generaron aquellas primeras muestras. Fue así como decidieron ampliar el programa expositivo, de forma que en los últimos dos años han tenido una muestra distinta cada dos meses, consagradas casi siempre al arte emergente.
 
La que en el momento de nuestra visita ocupa las paredes de Diwap tiene por título Fantasy Park y viene firmada por el joven ilustrador, muralista y escritor de graffiti sevillano Dhani Barragán. Una sorprendente colección de dibujos donde el tema de fondo es la transición entre la infancia y la juventud, contempladas a través de la metáfora que supone un parque urbano: el lugar donde comenzamos jugando y que más tarde supone un primer paso hacia la construcción de nuestra identidad; incluso es el sitio al que volveremos si tenemos hijos. Gracias a la contextualización de Juan nos sumergimos en el surrealismo pop de la obra de Barragán (a algunos nos recuerda al manga o el anime, por ejemplo el de Satoshi Kon), con elementos autobiográficos que se superponen y nos sitúan en ese mundo de la niñez donde cualquier mínima experiencia es vivida como extraordinaria. Como afirma la cita en la que se apoya la idea de esta exposición, del poeta chileno Pablo Neruda: “Todo es ceremonia en el jardín salvaje de la infancia”.
 
Esa visión pop puede apreciarse también en la tercera de las bases sobre las que se asienta este espacio, que junto con su función de estudio y galería, también es una tienda. Así, además de haber logrado despertar el interés de coleccionistas procedentes de China, Estados Unidos e Inglaterra (“también España, en el último año”), que compran las obras aquí exhibidas, Diwap ofrece la oportunidad de adquirir láminas y reproducciones de los trabajos de artistas que han expuesto o con quienes se guarda relación. Es el caso de creadoras tan interesantes y poco visibilizadas como la italiana Paola Vecchi o la ciudadrealeña Raquel Boucher. También se venden camisetas, bolsos y libros, en lo que se entiende como una forma de restar elitismo al arte, haciéndolo asequible y cercano al día a día. Al fin y al cabo, lo sublime no debería estar reñido con nuestra experiencia cotidiana.
 
Además de conocer y reconocer la labor tan necesaria de galeristas y dinamizadores de la cultura, el logro ulterior de este itinerario podría ser este: al hacernos conscientes de que el arte está mucho más cercano a nosotros de lo que solemos pensar, devenimos cómplices (y responsables) de su continuidad.  Tal y como comentamos con Patricia y Laura mientras concluimos el paseo tomando una cerveza en el cercano Bar Vizcaíno, es fundamental reclutar a la ciudadanía como defensora, garante y amante del arte. Tal vez de esa forma seamos capaces de convivir con esa otra Sevilla, donde la idea de cultura no queda en manos de unos pocos, los de siempre.
 
Arte actual, un paseo propuesto por:
Laura Gordillo y Patricia Bueno, creadoras de Atrapa cultura, didáctica y difusión del arte contemporáneo y el patrimonio artístico de Sevilla;

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