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Campanas Mendoza

En todas las campanas que suenan en Sevilla, de iglesias, capillas, templos y hermandades, están las manos de los Mendoza, que generación tras generación han puesto repiques de alegría, tañidos de difuntos, sonidos al vuelo de grandes festividades y toques de diario a misa en la ciudad. Son sonidos que se mantienen gracias a esta familia de campaneros orgullosos de su oficio, volatineros de esos cielos que perdemos, restauradores y fundidores de los viejos bronces.
 
Desde 1850 tatarabuelo, bisabuelo, abuelo, padre y nietos se han encargado de la fundición de campanas, instalándola sin andamios, así como pararrayos y relojes.
 
Antonio Mendoza Vázquez es ya la cuarta generación y es el encargado desde 1968 del negocio familiar cuando su padre, Antonio Mendoza González conocido como “El hombre mosca”, fallece. De él heredó el trabajo y el privilegio de tañer las campanas de la Colegial del Salvador (la única manual en Andalucía) y de restaurar, fundir y mantener los bronces de las torres y espadañas de los cielos de Sevilla, oficio y amor que ha enseñado a sus hijos, Antonio Jesús y David. Son vivos exponentes de una saga que se inició en el siglo XIX.
Bajo la torre campanario del Patio de los Naranjos del Salvador se encuentran su oficina y su propia casa. Allí son 7 las campanas que cuida y tañe, de porte catedralicio y fundidas entre 1600 y 1700, cada una con nombre propio: San Salvador, de 7.800kg, San Andrés, que fundió su padre, San Fernando, San Juan, San Cristóbal, Santa Bárbara y otra vez Salvador, que se partió y la fundió su abuelo, Antonio Mendoza Martínez, en el mismo patio en 1903. Además de la del Fuego, las más antigua y que avisaba de los incendios. Allí el volatinero del Salvador se sube a yugos de encina originales del siglo XVII, como ya lo hacía su padre.
 
Esta familia conserva la antigua afición de las “echadas” que consiste en que al iniciar el volteo de las campanas, antes de salir éstas de los arcos, se hace contrapunto con el cuerpo sobre él. Saltan por los aires con la única protección de unas cuerdas y su fuerza, para detener o avivar el repique de las campanas.
 
Con el paso del tiempo, sus tareas se han ido modificando y diversificando, adatándose a las necesidades y obligaciones tecnológicas. Rehabilitan, funden campanas, montan pararrayos, restauran y automatizan relojes monumentales e instalan megafonía por toda España, todo ello en el ámbito de las parroquias. Y siempre para lograr un sonido único en cada templo.

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