Ecología urbana
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Distrito Sur

El antiguo cauce del río Guadaira

De espacio abandonado a corredor verde
texto Bruno Padilla // imágenes Jane’s Walk Sevilla
 
Lo que el Parque ha unido…
 
Antonio Fajardo de la Fuente es presidente de la Asociación Parque Vivo del Guadaíra. Pero, por encima de cualquier otra consideración, Antonio es vecino de esta zona y, por tanto y como cualquier otro con interés en lo que atañe en la comunidad, un experto en ella. En palabras de Jane Jacobs, él sería uno de esos «personajes públicos autodesignados» que resultan ideales para ejercer de guía en uno de los paseos con los que en la tercera edición de Jane’s Walk Sevilla hemos conmemorado a esta pensadora y activista, que supo caminar el difícil trayecto que va de la reflexión a la acción. Desde el inicio, Antonio quiso hacernos integrantes de ese grupo y partícipes de este movimiento vecinal: «Tras el paseo y si os apetece, podéis convertiros también vosotros en apóstoles del Parque. Bienvenidos a la causa».
 
Y la causa no es otra que, en efecto, el conocimiento y la defensa del Parque Guadaíra. O, para ser más precisos, de un parque para el aprovechamiento y disfrute de la ciudadanía, algo en lo que nadie se paró a pensar hasta que surgió la asociación que representa Antonio. Antes de eso, en 2006, se licitó un primer proyecto por 23,8 millones de euros. Sin embargo, la crisis motivó que se reformulara y simplificara hasta el límite. La actuación vecinal surgió al observar la falta de transparencia de los promotores de la obra y, sobre todo, cuando empezaron a intuir que aquel carril-bici que debía cruzar el Parque, «debido a su anchura y a unas sospechosas rotondas», estaba destinado a ser una carretera que conectaría las avenidas de Las Razas y Su Eminencia. Tras la contestación ciudadana, a la que se sumaron otros colectivos como Ecologistas en Acción y Verdes del Sur, el proyecto se volvió a modificar y se abandonó la idea de una vía para el tráfico rodado, «pese a que ya aparecía en el PGOU con el máximo nivel de jerarquía». El resultado de esa gran presión social es un amplio corredor verde atravesado por un carril ciclista de 3.800 metros de longitud, que fuimos siguiendo para realizar este paseo. Un espacio con gran potencial que, tras distintas reivindicaciones vecinales, ha ido mejorando sensiblemente, si bien todavía presenta notables carencias y amenazas.
 
Comenzamos en un punto elevado de la zona de Heliópolis, el extremo oeste del Parque, donde Antonio nos puso en situación acerca de la importancia del Río Guadaíra, «que se ha visto ensombrecida por la fama del Guadalquivir». Su papel en la historia de Sevilla viene marcado por dos circunstancias, una positiva y la otra negativa. De una parte, traía desde los manantiales de Alcalá el agua necesaria para el abastecimiento de la ciudad y servía de fuerza motriz para los molinos de harina. Lamentablemente, también ha sido usado como «gran cloaca» hasta hace poco, debido a los desechos arrojados por la industria olivarera de Alcalá y Morón de la Frontera. La contaminación de sus aguas, junto con el peligro de inundaciones, haría que su cauce fuese radicalmente modificado a lo largo del siglo XX. 
 
Desde el montículo en el que nos hallamos, observamos a un lado el Puerto de Sevilla y al otro, el barrio de Heliópolis. La vista sobre el río nos hace revisar la historia y la situación actual del Puente de Alfonso XIII, el conocido como Puente de Hierro construido en 1926 y sustituido en 1992 por el actual Puente de las Delicias. En 1998 quedó desmontado y desprotegido en el PGOU («sin mucha publicidad, por cierto»), para facilitar el proyecto turístico que hoy día ocupa el Muelle de las Delicias. Finalmente, en 2003 acabarían instalándolo en esta zona, con la promesa de ser convertido en un mirador público sobre el puerto. «13 años después», señala Antonio, «no sólo no se ha cumplido sino que, debido su estado de total abandono, los elementos del puente se han convertido en una mina para los chatarreros». Desde su asociación proponen que se conserve y custodie, permitiendo el acceso a la dársena desde el Parque Guadaíra. Aunque hasta ahora la Autoridad Portuaria «se lavaba las manos», parece que el nuevo responsable (el expresidente del Parlamento Andaluz, Manuel Gracia) «está más receptivo».

 
Al otro lado tenemos las 391 viviendas de Heliópolis, construidas para los visitantes de la Exposición Universal del 29, y que representan «quizás el exponente sevillano mejor conservado del barrio de tipología ciudad jardín». Antonio destaca la variedad y riqueza del arbolado original, que «desgraciadamente y por su poco cuidado ha ido sustituyéndose por el uniformador naranjo». Las casas, de inspiración indigenista, se hallan en buen estado pese a su edificación en terrenos inestables, que con el tiempo han provocado grietas y fisuras. No obstante, la gran amenaza en esta zona parece ser la falta de protección urbanística del conjunto, además de un proceso de terciarización por el que «muchas viviendas están pasando a convertirse en oficinas».
 
La siguiente parada supone, para algunos de los paseantes, una sorpresa: pocos podíamos imaginar que en esta ruta visitaríamos un campo de concentración. El Colector fue uno de los 55 centros que, tras la Guerra Civil, recluyeron en Andalucía a cien mil presos políticos. Aquí, alrededor de 250 prisioneros, reclutados de las cárceles atestadas en 1938, construyeron un colector de aguas residuales para redimir sus penas. O lo que es lo mismo: trabajos forzados y mano de obra gratuita que propició «la primera gran obra pública construida con esclavos del franquismo». Ahora, tras años de lucha, la Confederación General del Trabajo ha logrado que la Junta de Andalucía tramite la designación de este punto geográfico como Lugar de Memoria Histórica. Otro espacio de la ciudad que debería servir para interpretar su historia, lo que aquí se ha vivido, y de qué forma la hacemos convivir con el presente.
 
Parece increíble que el Parque Guadaíra abriese en junio de 2014 sin apenas equipamientos, pero así fue: seis papeleras, doce bancos y dos canchas deportivas sin dotación –porterías o canastas–; «una miseria para un espacio de estas dimensiones». Tras el quiebre de la UTE, se recurrió a fondos europeos para financiar el proyecto, que obviamente perdería en el camino algunos elementos destacados del plan original, como la construcción de una lámina de agua continua y de una serie de miradores, junto con la integración del Polígono Sur dentro de este nuevo corredor verde. La Asociación Parque Vivo del Guadaíra también hace responsable a la «improvisación municipal», motivo por el cual tampoco ha tenido iluminación hasta hace tres meses y sigue sin albergar fuentes en sus casi 4 kilómetros. Recientemente el Ayuntamiento ha ido dotándolo de algunas instalaciones, pero que aún se antojan insuficientes para aprovechar su idoneidad de cara a las actividades deportivas y educativas. «Pero incluso con estas carencias está funcionando muy bien entre el vecindario», afirma Antonio.
 
Bien de interés ecológico, social y cultural
 
De lo que sí puede presumir el Parque Guadaíra es de vegetación, si bien el hecho de que fuera reforestado con 45.000 árboles y arbustos no ha estado exento de polémica: por haber empleado una especie de olmo híbrido, de cuya aclimatación se dudaba, en el espacio central; por haber primado el criterio paisajístico sobre el ecológico, eliminando casi todo el arbolado preexistente; y por un elemento característico presente en todo el parque como es la pradera, que lo caracteriza como «un inusual espacio abierto de aspecto inglés», que a priori parecía difícil y caro de mantener. Sin embargo, el aspecto que ha dejado la pradera en el conjunto «es bonito, te transporta a otro sitio», y la elección de especies ornamentales y exóticas (árbol del coral, palo borracho, liquidámbar, ciprés de los pantanos…), pero también resistentes, «está funcionando muy bien». Lo que sí genera aún debate ciudadano es un solar de 50.000 m2 donde, hasta hace año y medio, se hallaban las caracolas de una residencia universitaria. El vecindario no quiere que este suelo público se destine a un centro comercial ni, desde luego, al parking que se ha llegado a plantear. Tampoco aprueban un proyecto de cesión a la Fundación Real Betis Balompié, porque no les gustaron «ni las formas ni la música. Además, ya el barrio les ha consentido mucho y no queremos una Betislandia. Si se hace un espacio de esas características, exigimos que las condiciones de uso sean las de cualquier otro centro del Instituto Municipal de Deportes», explica Antonio.
 
Siguiendo nuestro recorrido en bicicleta, cruzamos la zona que conecta el Parque con el barrio del Polígono Sur. Nos recibe una pintada con alusiones a sendas letras del rapero Porta, No es cuestión de edades y Aprecia lo que tienes; las cuales, por alguna razón, parecen de lo más adecuadas en el contexto de este paseo. Según nos cuenta Antonio, si en general el Parque presenta carencias en infraestructuras, son mucho más acusadas en esta zona, «una desproporción con la que el Ayuntamiento está lanzando un mensaje claro». Y es que desde su asociación defienden que este espacio no debería jugar sólo un papel ecológico, sino también social, estableciendo un punto de encuentro y conectando a sectores aislados: «Algo trascendental, porque el Polígono Sur está físicamente segregado de la ciudad y también estigmatizado. Sería interesante que gentes de procedencia social distinta, por ejemplo las clases medias-altas de Heliópolis, fueran y vinieran por este corredor, disipando poco a poco el carácter maldito de esta parte de la ciudad». También resulta significativo que aquí, a diferencia de otros puntos, el Parque se halle vallado, sobre todo justo donde nos hemos detenido, al lado de unos huertos sociales. Se trata de un tema que ha sido muy controvertido, ya que se propuso usarlos para alimentar o como complemente económico de familias en situación de riesgo, aunque «también sería una forma de vincular al vecindario con este espacio, porque de esa forma tendrían que cuidarlo y protegerlo». Y sin necesidad de vallas. Parece, en cualquier caso, que el actual Consistorio tiene intención de desbloquear este asunto.
 
Llegando a la parte final del paseo y habiendo comentado las funciones ecológica y social del Parque, se revela ante nuestros ojos un tercer papel para el mismo –y quizás el más inesperado: el de «activador de recursos patrimoniales», según lo define Antonio. En una primera parada, contemplamos y nos adentramos en el antiguo Molino de la Torre Blanca, un ejemplo de estilo gótico-mudéjar de la «rica arquitectura ligada al aprovechamiento del río». En este caso, y al igual que los históricos Molinos de Alcalá, lo que se conserva es su torre defensiva, que le confiere «un valor singular». Más adelante y como último testigo del cauce antiguo del Guadaíra, nos detenemos en otro interesante elemento patrimonial «merecedor de mejor suerte»: San Juan de Teatinos. Su abandono a partir de los años 60 ha arruinado buena parte de este complejo de edificios, cuyo origen se remonta al siglo XIV y que a lo largo de su historia ha sido empleado como molino de grano, fábrica de salitre y de pólvora, aserradero de mármoles, etc.
 
Esta última parada la hacemos ya en el seno del Parque Riberas del Guadaira, un proyecto realizado entre los años 2007 y 2010 con el que ahora también conecta el Parque Guadaíra. Se trata de «un espacio prácticamente desconocido por los sevillanos», debido a su complicado acceso y a su desarticulación motivada por la presencia de grandes infraestructuras: al norte de la SE-30 y constreñido entre las cocheras del Metro y el barrio semindustrial de Su Eminencia. Pese a su enorme extensión, «ha sufrido el olvido por parte del Ayuntamiento, que siempre lo ha considerado un parque periurbano que se podía mantener con poco coste».
 
Una postrera reflexión de Antonio para un debate ciudadano que se encuentra aún muy vivo, como el propio Parque Guadaíra, y se prevé apasionante. Al igual que este recorrido que, para quienes tuvimos el gusto de pedalearlo, supuso acaso un compendio de lo que podría definir un paseo de Jane’s Walk: urbanismo, medioambiente, movimiento vecinal, patrimonio, sociología, historia… sobre una zona en la que merece la pena pararse para, primero, pensar y luego, actuar.
 
Os dejamos este mapa interactivo con las principales paradas del paseo, cortesía de Geoinquietos Sevilla 

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