La Alameda de Hércules
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Distrito Centro

El Gran Pollo de La Alameda

Noticias del frente (en el bulevar ideologizado)

 

Llegamos al espacio central de la Alameda de Hércules, junto a uno de los kioscos que en la actualidad se sitúan en esta zona. Una buena posición para reflexionar sobre el devenir del paseo en las últimas décadas y sus reurbanizaciones más recientes; para evaluar cuáles han sido las estrategias y las batallas que han acabado por definir lo que representa hoy día la Alameda.

 

Desde su aprobación por la Comisión Europea en 1994, el Plan Urban fue una de las iniciativas comunitarias incluidas en la política regional de subvenciones de la Unión Europea, teóricamente dirigida a la revitalización de zonas urbanas degradadas en ciudades de más de 100.000 habitantes y hacia colectivos sociales desfavorecidos. En la práctica, se trataba de atraer a inversores privados, especular a partir del encarecimiento del precio de los suelos y, en consecuencia, expulsar a las clases bajas de estas zonas. La historia, como ya nos anticipaba Rubén, se repite.

 

En Sevilla, este plan se centró en los barrios de San Luis, San Julián y la Alameda de Hércules; zonas tradicionalmente consideradas como periferia del centro (entendiendo como tal solo el casco monumental), que ganarían protagonismo desde la celebración de la Expo’92 en la cercana Isla de la Cartuja. En cuanto a las actuaciones urbanísticas, se había proyectado la reurbanización integral de todas las calles incluidas dentro de los límites de San Luis-Alameda. Se puso especial énfasis en facilitar la entrada del tráfico en la zona, tradicionalmente de difícil acceso.

 

Con este escenario, a finales de la década de 1990 se vuelve a plantear la construcción de un parking subterráneo en la Alameda de Hércules. Coincidiendo con las luchas antiglobalización, en 1998 se constituye una Plataforma Contra el Aparcamiento en esta zona. Todos estos acontecimientos y la reacción social que surgió como consecuencia aparecen reflejados en el libro colectivo El gran pollo de la Alameda, donde se explica que el parking «era una pieza más en el intento de trasformación de una zona supuestamente marginal pero estratégicamente situada, tanto por sus posibilidades residenciales como comerciales».

 

Posteriormente surgen otros movimientos que, bajo diversas denominaciones, se van sucediendo en esta lucha: Red Alameda, La Sevilla que Queremos, Alameda Guapa y Alameda Viva fueron algunos de los más potentes. Pero en la polémica sobre el aparcamiento subterráneo aparecerían también asociaciones inscritas de forma oficial en el Registro, que buscaban una Alameda ordenada y más controlada. En 2004 se iniciaría un proceso de consulta a asociaciones ciudadanas donde ya se ausentaban los colectivos no registrados –que acabarían optando por establecerse en el Pumarejo. De ahí nacería un documento con propuestas bajo el título La Alameda que te gusta, que planteaban poner en valor la zona, más que su turistización.

 

Sin embargo y pese a que se consiguió paralizar el proyecto del aparcamiento, el paso de los años y la gentrificación de la zona han demostrado que planes como el Urban acabarían por lograr su cometido: encarecer los inmuebles y potenciar el consumo en nuevos establecimientos. En el año 2009 y aún con polémica, el Ayuntamiento recogió las ideas de aquel documento para emprender la última de las reurbanizaciones hasta la fecha, poniendo pavimento y una serie de nuevos equipamientos. Un nuevo lavado de cara y una nueva victoria de la Administración, que convierte en papel mojado todas las aportaciones ciudadanas dirigidas a hacer de la Alameda un espacio habitable y disfrutable para todos, y no solo para quienes puedan costeárselo.

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