Ecología urbana
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Distrito Macarena

Miraflores, la lucha vecinal por un parque con historia

El Parque Miraflores del que hoy disfrutamos se consiguió a través de una intensa movilización vecinal que incluyó plantaciones colectivas, limpiezas ciudadanas, ocupaciones de los edificios emblemáticos, proposiciones a través de los grupos municipales, solicitudes a Patrimonio, reuniones con el Ayuntamiento, investigación histórica… y con un amplio trabajo con las vecinas y vecinos de la zona. En ese proceso no solo se lucho por que el parque fuera una realidad, sino que ademas en su diseño se respetara la historia que encerraba y que se explotara su su potencial educativo, social y regenerador.

 
 

HEREDARÉIS LOS SUEÑOS

Una crónica de Bruno Padilla_Imágenes de Antonio Laguna

 
Isabel Muñoz y Juan Ignacio Paz se presentan como integrantes de la Asociación de Vecinos Andalucía de San Diego. Y casi con toda seguridad es así como prefieran ser recordados, como vecina y vecino –nada menos– de esta barriada sevillana antes conocida como Huerta de San Diego y sobre la que se podría decir aquello de antes todo esto era campo. Ya no son miembros del Comité Pro Parque Miraflores, aunque lo fueron. Hace años que se mantiene con cinco o seis personas, según nos cuentan. “En el momento en que aquel movimiento natural se convirtió en estructura, la asociación prácticamente desapareció; se puede decir que es la trayectoria de muchos de los movimientos sociales en las últimas décadas”, expone Isabel. Y tan natural.
 
Es la introducción de un paseo por el poco aprovechado Parque Miraflores, en el que hablaremos mucho del pasado, de la memoria de una lucha vecinal a la que de momento le cuesta encontrar a quienes quieran recoger el testigo. “Hemos sido activistas de los gordos aquí, hemos hecho de todo por el Parque. Pero el hecho de que esa parte ilusionante del proyecto se empezara a vincular a la política en un momento dado, hizo que nos desmarcáramos”. Esta es la historia de unos sueños interrumpidos y que no obstante (tal vez de forma inesperada) podrían hallar continuidad encontrando a vecinos dispuestos a arremangarse y cuidar esta área verde, sin otra recompensa que la de transmitir su experiencia a futuras generaciones responsables de su entorno.
 

Del gris al verde

Esta es una zona de tradición agrícola en Sevilla, prácticamente desde tiempos romanos. No es casual que, como esta, muchas barriadas de por aquí lleven la Huerta en su denominación. Con el desarrollo urbanístico y pese a seguir manteniendo dos huertas principales (La Albarrana y Miraflores), este terreno se iría convirtiendo poco a poco en una escombrera, sobre todo a raíz de la construcción de los polígonos Store y Calonge. En 1962 aparece por primera vez en el PGOU la intención de convertirlo en un espacio verde. “Aquello se quedó en una declaración de intenciones”, anticipa Juan Ignacio.
 
Ya a principios de los años 80 la ciudadanía comienza a organizarse, sobre todo a raíz de la fundación del Colectivo Andaluz de Pedagogía Popular, que crea el Seminario de Ciencias Sociales del Distrito Macarena. Se empieza a trabajar con asociaciones para ver las necesidades de estos barrios de gran crecimiento –que ya aglutinaban a unas 150.000 personas– y lograr que esto llegase a ser lo que se había planeado dos décadas atrás. Así nace el citado Comité Pro Parque Educativo y Social Miraflores, buscando “no solo un espacio verde sino un proyecto muy ambicioso que pudiera generar educación, cultura e incluso empleo”. Se siguen dos líneas de acción: la organización vecinal y la relación con el Ayuntamiento, tanto de presión y confrontación como de cooperación. “Eran los primeros ayuntamientos democráticos y no estaban las cosas tan cuadriculadas como ahora. Se buscaban complicidades y se trabajaba codo con codo junto a los técnicos municipales”.
 

Infancia superguerrera

Pero muchas veces la clave estaba en no delegar. De esa forma surgían cuestiones como la plantación de árboles –cuando el Ayuntamiento no tenía capacidad para ubicarlos en espacios que favorecieran su crecimiento– por parte de los vecinos: la más masiva de las que aún hoy nos dan sombra en Miraflores fue la de 1.500 árboles, a manos de escolares. “El Parque se llenó de árboles Goku , recuerda Isabel con una sonrisa, porque era el nombre con el que muchos de aquellos niños los bautizaban. Pero la gesta no solo quedaba en la labor física; se hicieron cuadernillos informativos sobre cómo plantarlos y cuidarlos. Otras veces las convocatorias eran puramente de limpieza: chicas y chicos equipados con palos, pinchos y bolsas, rescatando contenedores de otros barrios para poder trasladar la basura recogida.
 
Poco a poco se fue logrando la construcción de este Parque Miraflores Sur, y más adelante se haría Miraflores Norte, la parte que está más allá de la SE-30 y que tiene un diseño totalmente distinto, sin participación ciudadana. “En ese proceso nos dimos cuenta de que el Parque contenía mucha historia”, explica Juan Ignacio, “y planteamos que eso se conservara”. La primera intención del Ayuntamiento era terraplenar los escombros y poco más. Pero el vecindario informó de que aquí había cauces, casas históricas, huertas y muchos otros recursos que respetar, y se empezó a trabajar en esa línea. “Nuestro miedo era que el terreno se recalificara en un PGOU posterior, por el interés de las constructoras”. A diferencia del Alamillo, otro parque de grandes dimensiones, el de Miraflores es de concesión municipal. Por eso y pese a su tamaño, alrededor de 45 hectáreas por cada una de sus dos partes, que lo convierten en uno de los mayores parques urbanos de la ciudad, “el mantenimiento que se le hace no tiene nada que ver”, se lamentan.
 

El modelo soñado

“Lo más interesante de toda esta historia es que se hacía a través de encuentros ciudadanos”, rememora Isabel. Asociaciones de vecinos, de madres y padres de alumnos, socioculturales, centros de adultos… participaron en el diseño del parque, cediendo sus instalaciones incluso. En su día se planteaba un modelo de espacio verde al estilo del Alamillo, más autóctono y menos ornamental. “Se habló, se pensó y se soñó un modelo de parque que no es el que luego ha quedado configurado. Quizá por eso a mí, que por otro lado lo disfruto como el resto del vecindario, me da más coraje”, admite Isabel.
 
Con todo, en ese tira y afloja continuo con la Administración se consiguieron muchas cosas: “La gran riqueza de este proyecto colectivo es que aquellos jóvenes que estaban ilusionados y con muchas ganas de hacer cosas necesitaban un empleo, y se daba la circunstancia de que había un espacio al que no se estaba dando uso y que requería de su labor”. De ahí surgieron ideas como la de aprovechar un antiguo secadero de tabaco, con origen en los años 50, para construir una Casa de la Juventud Soñada. Aquel era un periodo de gran efervescencia musical en San Diego, así que se pensó en él como un buen local de ensayo para aquellos grupos. El edificio se derrumbaría antes de llegar a desarrollar esa idea, pero otras muchas sí acabaron formando parte –al menos, durante un tiempo– del Parque Miraflores.
 

A la educación por la ocupación

“Hay cosas que se han hecho y cosas que no se han hecho, claro”, reflexiona en voz alta Isabel. Entre las primeras destaca la Casa de Oficios, que se mantuvo activa durante más de 20 años como proyecto de empleo para la juventud del barrio. Luego se convertiría en Escuela-Taller con una serie de módulos soñados iniciales: cada tarea que se quería acometer en el Parque señalaba la formación que se ofrecería, como albañilería, jardinería, animación sociocultural, reforestación o carpintería. “Luego fue derivando a algo más institucionalizado y se cargaron los módulos más reivindicativos”.
 
Respecto a la finca La Albarrana, zona agrícola en época romana pero de origen árabe (de ahí su etimología), fue el primer edificio que se expropió en Miraflores, pero pronto y debido a la falta de vigilancia empezó a sufrir el expolio. Se acabó viniendo abajo, por lo que hoy en día todo es de nueva construcción. Para impedir que ocurriera lo mismo, los integrantes del Comité decidieron ocupar otros espacios en peligro, como la Hacienda Miraflores (también conocida como Cortijo): “No era tanto por la falta de seguridad como por dejación del Ayuntamiento”, asegura Juan Ignacio. “Había cuestiones que eran económicas, pero en otras ocasiones se trataba de voluntad y de escuchar nuestras demandas e ideas”.
 
Isabel, quien recuerda que antes de ocuparla tuvieron que fumigar la zona porque estaba llena de pulgas, considera que el hecho de que el Cortijo se mantenga en pie hoy día es un logro vecinal, pero se muestra muy crítica con su falta de mantenimiento: “Si no se hace nada al respecto, esta edificio declarado como Bien de Interés Cultural se acabará derrumbando. Puedes restaurar el patrimonio cuanto quieras, pero si no le das uso, cuidado y vigilancia, no será más que una cáscara que se acabará degradando”. Una reivindicación que tiene aún más sentido si se tiene en cuenta que fueron las movilizaciones vecinales las que evitaron que la SE-30 cruzara el parque justo a la altura de la Hacienda.
 

La buena herencia

También la Casa Las Moreras, a la que  se le calculan unos 400 años de antigüedad, se logró salvar mediante una ocupación y la posterior labor del joven alumnado de los talleres formativos. Pero si hay una iniciativa en esta área que mostró el potencial del proyecto vecinal en Miraflores fue la de Huerta Las Moreras, primer proyecto de huertos urbanos en Andalucía y uno de los pioneros en el ámbito nacional. En origen combinaba el ocio con los huertos escolares, pero al llegar a la zona, Isabel y Juan Ignacio se muestran decepcionados con su devenir: “Se acabó. Es una cosa rara, porque el proyecto tenía ya 25 años. Nació con muy poca subvención, y así no se puede mantener eternamente. Pero es un proyecto maravilloso”.
 
Así, según nos cuentan, hoy en día el Ayuntamiento usa este espacio para otras actividades, aunque continúan existiendo los huertos de ocio “porque los parceleros no se van ni con agua caliente”. En principio las parcelas debían ir cambiando de dueño, pero algunos se han ido afincando y solo han sido sustituidos una vez fallecidos. Esto habla de la potencia de un proyecto a raíz del cual algún usuario les dijo una frase difícil de olvidar: A mi padre le habéis salvado la vida. Se practicaba en aquellos huertos una agricultura ecológica y de autoconsumo, pero la esencia educativa por la que habían apostado sus impulsores se fue perdiendo con los años.
 
Y así es como, en el momento en el que este relato en retrospectiva vuelve a dejar suspendida en el aire una cierta decepción por lo que fue y ya parece difícil que vuelva a ser, ocurre algo del todo inesperado con la aparición –no programada y digna de los mejores giros de guion– de Manuel Fernández, de la Asociación de Amigos del Parque Miraflores: “Hemos cogido la antorcha y estamos empezando a introducir huertos escolares entre los de ocio”, dice (ante nuestra sorpresa) tras oír nuestra conversación y saludar a los líderes del paseo. “Ha costado mucho, pero ya han venido alumnos de un colegio de la zona”, comenta, provocando el asentimiento de los paseantes y la satisfacción generalizada en el grupo. Según explica Manuel, el planteamiento inicial de esta iniciativa era que los parceleros de los huertos de ocio enseñaran a los jóvenes, convirtiéndose en tutores de hortelanos. Un precioso y esperanzador concepto que, aunque el paseo continuaría y nos seguiría descubriendo interesantes rincones del Parque Miraflores, nos pareció el perfecto final feliz a este relato de sueños sembrados que –se diría– crecen solo con el paso del tiempo. Leído ahora, ni siquiera tiene aspecto de final, sino de un inmenso Continuará.

 

Quién nos guió

Juan Ignacio Paz Rodríguez e Isabel Muñoz Lozano. Participantes con el Comité Pro-parque Miraflores y desde la Asociación de Vecin@s “Andalucía” de San Diego en las luchas y actividades ciudadanas que consiguieron que el parque Miraflores fuera una realidad y que tuviera el carácter social, educativo e histórico que mantiene.

Cuándo

Domingo 13 de mayo de 2018 a las 10:00 h.
Duración aproximada 90 min.

Punto de encuentro

Puerta del Parque Miraflores situada en la rotonda esquina entre las calles Avda. de la Mujer Trabajadora y la Avda. de la Asociaciones de Vecinos.

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